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Descripcion:
Saint Row 2 retoma la historia donde su primera entrega la dejó. Tras la explosión del yate con la que se cerraba el anterior episodio, aquí comenzamos en el hospital de la cárcel, escogiendo el aspecto con el que reconstruirán nuestro maltrecho cuerpo. Y aquí precisamente llega el primer punto en el que el videojuego que nos ocupa se desmarca radicalmente de cualquier otro título de su género, su editor de personajes. Poder crear al macarra más musculoso e intimidante, a la mujer más escultural o a imposibles engendros está en nuestra mano, y lo mejor de todo (o lo peor, según se mire) es que esos personajes serán nuestra representación en el título a lo largo de toda la aventura, cinemáticas incluidas. Todo queda en nuestra mano en este editor. Desde el tamaño, forma y posición de cada uno de los rasgos de la cara, hasta todo lo referente al cuerpo, andares del personaje, raza, edad, sexo y bello facial, cabello, maquillaje, etcétera. Una herramienta sencilla e intuitiva, que con las clásicas barras de graduación nos permite escoger de forma exacta el aspecto del (anti)héroe.
El auténtico bombón que esconde el embalaje de Saint’s Row 2 son, como decimos, las diferentes actividades que salpican su desarrollo. No es que la campaña individual no goce de un buen nivel, ni mucho menos, pero su linealidad y fuerte reciclaje se puede combatir hábilmente mientras ganamos un buen dinero, alternándola con las misiones secundarias. El videojuego, de hecho, nos empuja a cumplir toda clase de objetivos aparte de la campaña, y lo hace exigiéndonos unas cuotas de respeto para poder progresar dentro del modo historia. Este respeto se consigue matando a gente de otras bandas, realizando maniobras alocadas con los vehículos o cumpliendo estas misiones secundarias.
Algunas de estas “side quests”, repiten de la anterior entrega, y volveremos a vivir en primera persona las demenciales carreras por StilWater, los hilarantes fraudes al seguro –lanzándonos contra coches en marcha-, o las habituales destrucciones en las que, con armas infinitas, debemos volar por los aires todo lo que podamos.
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